domingo, 26 de mayo de 2013
OSHO: llénate con el amanecer
Técnicas de meditación
Llénate con el
amanecer
Para algunas personas el sol puede funcionar como el gran
despertador de conciencia; depende del tipo de persona. Para otras, ese mismo
sol puede ser muy molesto.
Tendrás que encontrar los momentos adecuados porque cuando el sol
se ha elevado mucho ya no puedes mirarlo sin que te dañe los ojos.
Temprano en la mañana cuando el sol esté saliendo (el sol bebé;
así es como llamamos al sol de las primeras horas de la mañana en la India : el sol bebé, suave),
puedes mirarlo por unos momentos y absorber tanta energía como puedas. Tendrás
que encontrar los momentos apropiados porque cuando el sol se ha elevado
demasiado no puedes mirarlo sin que te dañe los ojos. Sólo bébelo, literalmente
bébelo. Ábrete a él y empápate de su energía. Al atardecer, cuando el sol se
ponga, puedes mirarlo otra vez.
Lentamente llegarás a ser capaz de cerrar los ojos en cualquier
momento y ver el sol; entonces puedes meditar interiormente en el sol. Sin
embargo, empieza por lo exterior; siempre es bueno empezar desde el exterior,
desde uno objetivo, y después moverte lentamente hacia lo subjetivo.
Una vez que eres capaz de ver el sol con los ojos cerrados y de
visualizar, ya no hay necesidad de meditar en el sol exterior. El sol interior
funcionará, pues todo lo que hay afuera también está adentro; hay una
correspondencia inmensa entre lo exterior y lo interior.
El sol interior tiene que ser provocado y retado. Una vez que empiece
a funcionar, verás que tu vida cambia por sí sola. Verás que surge una gran
energía en ti y que hay algo que no puedes agotar. Puedes hacer tanto como
quieras y no se agotará.
Una vez que hayas hecho contacto con la fuente inagotable, la vida
es rica. Ya no conoce la pobreza. Es rica interiormente. Nada exterior importa;
todas las condiciones son casi iguales. En el éxito, en el fracaso, en la
pobreza o en la riqueza, uno permanece tranquilo y no se distrae, pues uno sabe
que “mi energía básica está dentro de mí”. Uno sabe que “mi tesoro básico no es
afectado por circunstancias externas”.
Esas circunstancias externas son importantes sólo si no estamos al
tanto del interior. Una vez que conocemos el interior, lo exterior empieza a
marchitarse y su importancia
simplemente desaparece. Por ello podemos ser mendigo y emperador a
la vez. Podemos fallar en todo lo relativo al mundo exterior y sin embargo
tener éxito. Además, no hay queja, no hay cicatriz; se está absolutamente feliz
independientemente de las condiciones. Eso es algo real.
Osho, Tónico para el alma
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